En la cima más alta de las Antillas elpico Duarte.

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No a la mega minería y el uso del cianuro, fuera la Barrick Gold del país.

miércoles, 12 de mayo de 2010

APACHES

APACHES

La lenta migración de los apaches hacia el sudoeste, que duró más de 500 años, estaba a punto de finalizar cuando llegaron los españoles. Los jicarilla, los mescalero y los chiricahua son quizá las tribus apache más conocidas, pero había también docenas de grupos pequeños, independientes que hablaban dialectos del lenguaje "athapascan". Llevaron consigo un conjunto de creencias muy diferentes de las de los pueblo o de las de los pima y papago. Estas creencias se originaron en los bosques nórdicos de la patria canadiense de los apaches donde la agricultura era imposible y los hombres dependían de la caza. La forma de vida de los apaches no contaba con los ciclos repetitivos, lentos de los agricultores; la caza reclamaba una actitud muy diferente en la que largos períodos de espera se resolvían en unos cuantos momentos de extrema actividad. Además, debido a que la caza era a menudo una actividad solitaria, el apache valoraba el individualismo y las decisiones personales mucho más que los grupos pueblo que realizaban cada acto para reforzar la cohesión de la tribu.

Ningún miembro de las tribus apache estaba ligado formalmente por nada que no fuera su elección personal. Esto no niega la solidaridad de sus clanes ni las influencias recibidas por tener parientes cercanos en el grupo por hablar un dialecto particular de la lengua apache. De todas formas, esta falta de vínculos formales evitaba la formación de estructuras tribales muy organizadas. Cada cual era libre de seguir al jefe que eligiera, lo que producía que los grupos apaches fueran pequeños y móviles, compuestos de hombres con un fuerte sentido de la independencia y de la libertad individual.

Vivir de la caza obligaba a los apaches a permanecer nómadas siguiendo las migraciones de los animales de los que dependían; también introducía un elemento de respuesta agresiva. Esto se hizo visible en sus contactos con los españoles que llevaron manadas de caballos a Santa Fe. Los apaches robaron las manadas y se convirtieron en las primeras tribus indias americanas que tuvieron caballos, lo que los capacitó para ampliar sus territorios de caza. Esta expansión condujo a la introducción de influencias de los grupos tribales en la periferia de la zona sudoeste.

Los apaches eran progresistas, adoptaban con presteza las orientaciones nuevas y las incorporaban a su bagaje cultural. Los vestidos apache, por ejemplo, se hacían a menudo con gamuza y se decoraban con flecos largos, cosa que se asocia más bien con las tribus de las llanuras. Algunos grupos, como los jicarilla y los kiowa-apache, adoptaron el "tepee" como vivienda en vez de la tienda tradicional cubierta de maleza. Sin embargo, producían al mismo tiempo sus propios trabajos de cestería ejecutados soberbiamente, fácilmente comparables en calidad con los de los pima y los papago. Incluían en estos trabajos cestos de almacenamiento en los que guardaban el grano.

MITOLOGÍA APACHE

Aunque el entorno desierto del sudoeste era muy diferente al de sus bosques originales, los apaches se adaptaro rápidamente y añadieron elementos nuevos a su ya rica mitología. Trata de la búsqueda de una patria en la qu eran ayudados por los Dioses Gemelos de la Guerra qu viajaban por la tierra y destruían a los monstruos estableciendo así los límites del mundo y las zonas en las que los grupos podían vivir. Son relatos de un viaje fantástico asistido por la Mujer Araña y otras deidades que está mezcladas con un punto de vista vital y lleno de colorido acerca de una realidad a menudo difícil; relatos de la Mujer Cambiante que con su continua renovación, cambio y rejuvenecimiento es una deidad dominante que simboliza la esencia del pensamiento apache.

Para los apaches el mundo estaba en continuo movimiento. No tenían el deseo de llevarlo a un centro estético y gran parte de su ritual y sus creencias se centraban en elementos que eran inmediatos y espontáneo Cuando un apache emitía un «canto por los caballos» se refería a la Brida del Sol no cantaba para adquir sino para celebrar; hablaba del poder investido en la brida por el sol pero colocada por él mismo a través su reconocimiento y participación en la liberación de energía del astro. Su caballo era parte de la tierra, aliento del animal era el aire del desierto, su ligereza era la del viento. Para los apaches el mismo aire, el mismo viento formaban a las personas y a las mesas; el mismo poder calentaba un grano de arena y daba energía a los hombres y las mujeres.
Incluso sus deidades principales, los "Gan" o espíritus de la montaña, tienen una imnediatez que es totalmente distinta de la poseída por otras deidades de la región (aunque muchos estudiosos del Sudoeste sitúan firmemente el origen de los espíritus apaches entre los indios pueblo). La fuerza de los Gan se deriva tanto de los bosques como del desierto y se retrotrae al Oso y la Serpiente así como se vincula con el Rayo y las Estrellas. Pero son una parte del sudoeste en tanta medida como los Kachinas, derivándose de la brusquedad de la tierra y de las necesidades nómadas más que de un deseo de crear las pautas constantes, uniformes que son esenciales para los agricultores.

LAs DANZAS DE LOs GAN

Los espíritus de la montaña bailan sólo de noche ante fuegos grandes que los hacen oscilar constantemente entre la luz y las sombras. Cuando aparecen hay una conciencia callada del impresionante poder que poseen. Su danza es de búsqueda y vienen de las Cuatro Direcciones acercándose al fuego desde el este, el sur, el oeste y el norte. Emiten gritos que se hacen eco del pasado y tienen una simplicidad y franqueza primitivas que tocan una cuerda inconsciente profundamente enraizada dentro del propio reconocimiento de cada individuo.
Durante la representación el pueblo vuelve a vivir el origen de los apaches y las migraciones de sus ancestros. Las bendiciones que otorgan los espíritus de las montañas pasan por las mujeres de la tribu que encierran a los espíritus en un círculo que se mueve lentamente y que se baila al borde de la lumbre. Sin embargo, hay recordatorios de la falta de omnipotencia de los espíritus de la montaña. Los acompaña un payaso. Va detrás de ellos agitando carracas e imita sus movimientos de una forma humorística y grotesca. Pero es el más sagrado de los bailarines, el que guarda a los espíritus de las montañas y aleja las influencias negativas evitando que entren en el círculo.
La yuxtaposición de seriedad y humor caracteriza gran parte de la vida de los apaches y los visitantes que acuden a sus ceremonias se sorprenden frecuentemente, y se extrañan a veces, al observar que rituales de una profunda naturaleza religiosa tienen lugar junto a danzas sociales, juegos de azar y carreras de caballos. Pero la contradicción está en la mente del visitante que no se ha dado cuenta de que la necesidad de celebrar y divertirse es tan sagrada para los apaches como el cántico que murmura el chamán (o hechicero) mientras espolvorea tierra coloreada para hacer una pintura religiosa en la arena. Las celebraciones son una afirmación de la
vida y no una falta de respeto por los rituales.


Tomado de www.fortunecity.es

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